Las lealtades duran hasta que los intereses cambian: morena ante una encrucijada interna

“El tiempo determina el futuro de un hombre y una nación. El problema es encontrar el momento preciso para tomar una decisión”

 ( Shakespeare )

LA VERDAD ES PÚBLICA, O NO ES VERDAD

Por Pablo Hernández

¡¡¡ Muera el rey, viva el rey !!!.

En esta ocasión, haremos un análisis prospectivo de los escenarios posibles que se avecinan en morena Tlaxcala, como consecuencia de los resultados de quién presidirá la dirigencia nacional de este instituto político después de la encuesta tan debatida.

Para quienes han ostentado el poder político al interior de morena Tlaxcala, desde el año 2015 hasta la fecha actual, les ha sido redituable mantener a la militancia al margen de la información necesaria para tomar una decisión consciente y responsable, del quehacer político necesario para sentar las raíces de morena en la tierra de Xicohténcatl como un partido fuerte, bien cimentado. En cinco años morena Tlaxcala no creció, se estancó, y aún así quieren presidir todavía el partido quienes lo han dañado ?. Qué descaro, diría yo !!!

Los grupos que han estancado a morena en la entidad tlaxcalteca durante estos años, y que han acumulado un capital político endeble, ya que nunca creció el partido, solamente engrosaron sus cotos de poder que tenían a su cargo, usando las diferentes secretarías y dirigencia estatal a diestra y siniestra; ahora, están a un paso de perder todo lo que acumularon de manera egoísta: se habían repartido todo con descaro, morena Tlaxcala era un partido de amigos, de cuates, de gente que tenía arreglos políticos a conveniencia y lealtades simuladas.

Dichos grupos que ostentaban el poder político en morena Tlaxcala, usaron las mismas estrategias políticas que el PRI, PAN y PRD para mantenerse en el poder, sin embargo, la realidad los rebasó. Ya no tienen tal poder y están preocupados porque las posibles candidaturas que se avecinan no estarán en sus manos, y mucho menos, les tocará repartirlas. Que no mientan.

Ahora bien, ¿qué tienen que ver los escenarios nacionales en lo local y estatal ?, ¿ quién será el o la dirigente (ya que el INE olvidó la equidad de género y deberá incluirla en su convocatoria) nacional de morena y secretario (a) general ?, ¿ quién presidirá el Comité Estatal de morena en la tierra de Xicohténcatl ?.

Estas son algunas de las interrogantes que intentaremos responder con prudencia, seriedad, respeto a todos los actores políticos, y abiertos al debate, tan necesario en morena en estos tiempos de incertidumbre.

Desde nuestro punto de vista, son cuatro grupos que se disputan el poder de morena a nivel nacional: el primero de ellos, está encabezado por Ricardo Monreal; en el segundo grupo, tenemos a Yeidckol Polevnsky; en el tercer grupo, se encuentra Mario Delgado y, por último, tenemos al grupo que ha sido leal al Presidente de la República en todo momento, nos referimos a Bertha Luján. Aclaramos, esto no quiere decir que alguno o algunos de los otros grupos no tengan tal lealtad al presidente de la República, simplemente, lo que comentamos es una simplificación que tiene sus matices.

¿ Qué está en juego con la dirigencia nacional de morena ?. Bueno, la respuesta es simple, desde estos momentos se están perfilando los y las posibles aspirantes a la candidatura a Presidente (a) de la República en el 2024. A esto se debe tanto revuelo y conflictos legales de morena que llegaron a los tribunales electorales, ya que de otro modo, no se podían arreglar, no había acuerdos: nuevamente, las lealtades duran hasta que los intereses cambian.

En estos cuatro grupos, los candidateables a la Presidencia de la República en el 2024 están representados, respectivamente, del modo siguiente: en el primer grupo, Ricardo Monreal; en el segundo, cambian los actores, Mario Delgado se quita de la escena y aparece Marcelo Ebrard; en el tercer grupo, se mantiene Yeidckol Polevnsky en su aspiración presidencial; y en el último grupo, tenemos a Claudia Sheinbaum.

En base a lo anterior, Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, Yeidckol Polevnsky y Claudia Sheinbaum se disputarán la aspiración a ser candidato (a) oficial de morena a Presidente (a) de la República en el 2024. ¿ Quién será el agraciado (a) con esta candidatura ?. Desde nuestro punto de vista, será Claudia Sheimbaum y eso, no cambiará; Monreal, Ebrard y Polevnsky no serán los agraciados, y tendrán que ajustarse a las circunstancias concretas de ese momento venidero.

De lo anterior se desprenden todos los tejes y manejes, los pros y contras en la Cámara de Senadores, Cámara de Diputados, Dirigencia Nacional de morena, INE, TEPJF, Suprema Corte de Justicia de la Nación, Comisión Nacional de Derechos Humanos, y demás institutos políticos que han infiltrado en todos lados a su gente al interior de morena, o que provocan inestabilidad en el partido y en el gobierno federal.

¿Y cómo aterriza todo esto en morena Tlaxcala ?, ¿ quién será el o la dirigente estatal de morena Tlaxcala ?, ¿ quién será el candidato (a) a la gubernatura en la tierra de Xicohténcatl ?. Tenemos a Ana Lilia Rivera, Joel Molina, Lorena Cuéllar, Dulce Silva y el tapado.  Sin embargo, eso lo comentaremos en la siguiente columna. Tendrán que esperar hasta mañana.

P.D.- Y como siempre, les recuerdo que si algún personaje político, militante o simpatizante no está de acuerdo con mis opiniones con mucho gusto podemos debatirlas públicamente.

Saludos a todos !!!.

Un comentario en “Las lealtades duran hasta que los intereses cambian: morena ante una encrucijada interna

  1. Parece que la palabra lealtad se asocia etimológicamente a la idea de legalidad, a la idea de ley. Extraña paradoja para una condición que se supone que rompe la lógica de todo acuerdo. Si la ley administra el cumplimiento de los contratos, la lealtad no añadiría entonces ningún valor, ya que solo se trataría de cumplir con lo acordado. Pero hay algo en la idea de lealtad que supone un salto más allá de la ley, más allá de todo pacto. No se es leal porque así lo pautamos. No hay lealtad porque cada contrayente ejecuta lo que había convenido. Si así fuera, la lealtad no sería necesaria. Se es leal más allá del pacto. O peor, se es leal cuando el pacto no se cumple. ¿Por qué permanecer si el otro no cumple con lo pautado? ¿No es suficiente razón para salirse? Es que la lealtad no tiene que ver con la razón. Si así fuera, no sería necesaria. Alguien no cumple y el otro rompe. Todo fríamente calculado: dos entidades que firman un contrato. Uno lo transgrede y el otro lo abandona. O ambos lo cumplen y así andan por la vida en la tranquilidad del buen funcionamiento de la reciprocidad. Andan tranquilos, seguros, triunfantes, felices. Pero la lealtad ni tranquiliza, ni asegura, ni es un triunfo, ni nos hace felices. Sobre todo si se define a la felicidad como tranquilidad, seguridad o triunfo. La lealtad es siempre a pesar. Tiene que ver con el pesar. Con otra forma de la felicidad, donde no hay ganancia sino entrega. Donde no hay seguridad, sino imprevisibilidad. Donde no hay tranquilidad, sino apertura. Es a pesar. Es aunque. No se es leal porque se recibe. Si así fuera, no haría falta la lealtad, ya que al recibir veríamos colmado nuestro deseo. Pero la lealtad no tiene que ver con la plenificación o con la satisfacción. No tiene que ver. Tiene algo de ceguera, de locura, de arbitrariedad, de confianza.
    Parece que la palabra confianza se asocia etimológicamente a la idea de fidelidad, a la idea de fe. Hay algo religioso en la confianza ya que no hay ninguna comprobación fáctica que asegure que el otro se va a comportar como uno espera. No es medible la confianza, ni la fidelidad, ni la fe. Es más; no se es fiel porque es un buen negocio o una buena inversión. No se es fiel en un acuerdo mutuo. No se es fiel con el otro, sino que se es fiel hacia el otro, hacia cualquier otro. Si hubiera comprobación fáctica o demostración lógica, o medición exacta, la fe no sería necesaria. Si la fidelidad se pactara, entonces se convertiría en un contrato que es lo contrario a la fidelidad. No se contrata la fidelidad. Se es fiel porque no hay contrato. Si convenimos mutuamente ser fieles y establecemos derechos y obligaciones con castigos y cauciones, entonces la fidelidad no haría falta. Es que la fidelidad tiene que ver con la falta y los acuerdos tienen que ver con las posesiones. Acordamos para resguardar lo propio. Propiedad viene de propio. Acordamos para resguardar las propiedades, para asegurar lo que somos. Pero no se es fiel por lo seguro, sino por lo incalculable. Se es fiel aunque todo conduzca a lo contrario, aunque las cuentas no den, o incluso aunque el otro se escurra. Es que el otro siempre se escurre, porque es un otro, ya que si nos cerrara absolutamente no sería un otro, sino una proyección de uno mismo. Y así, la fidelidad no sería necesaria.

    Se es leal al otro. No al otro que uno construye para su propio sosiego y orgullo de ser parte, sino al otro que molesta, que irrumpe, que amenaza, al otro que necesita. El otro es débil porque necesita. Si no necesitara, no sería un otro, sino un igual, un prójimo, un próximo. Pero la lealtad no tiene que ver con el semejante, sino con el extraño, con el carente, con el indigente, con el extranjero. Se es leal porque la debilidad del otro me obliga, me cachetea, me saca de lo propio. Ni siquiera se es leal al otro pensando que en cualquier momento ese otro podría ser yo mismo, ya que si así fuera, una vez más convertiríamos la lealtad en un cálculo, en un negocio, en un juego de conveniencias. No hay paga por ser leal porque la lealtad no es un bien, sino una ausencia. Un retiro, una retracción. No se es leal al poder, sino que se es leal resquebrajando todo poder. Se es leal para que el otro sea.

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